“Queremos el privilegio revolucionario de envejecer”: Alex Alí llama a pasar de la indignación a la estrategia

“Queremos el privilegio revolucionario de envejecer”: Alex Alí llama a pasar de la indignación a la estrategia

Durante la 5ta. Cumbre Nacional Baja California, el abogado y defensor de derechos humanos cuestionó que la respuesta ante la violencia por prejuicio se limite a crear delitos o aumentar penas y llamó a evaluar los avances por sus efectos reales en la vida de las personas LGBT+.

En su ponencia magistral “Homicidios por Prejuicio”, Méndez Díaz cuestionó que la transformación social pueda medirse únicamente por la cantidad de reformas legales conseguidas.

“Tenemos que dejar de confundir la criminalización con la transformación social, porque más derecho penal no significa necesariamente menos violencia y más delitos tampoco significa automáticamente más justicia”.

Su argumento apuntó especialmente hacia la actuación de las instituciones encargadas de procurar justicia: una reforma legal, sostuvo, resulta insuficiente cuando las fiscalías no investigan adecuadamente, los prejuicios condicionan las investigaciones, las víctimas son responsabilizadas por su propia muerte o la impunidad continúa siendo la respuesta institucional.
“Podemos reformar todos los códigos que queramos e incluso todas las leyes del país, y seguir exactamente en el mismo lugar”, advirtió.

Una violencia que busca enviar un mensaje

Méndez Díaz planteó que para hablar de crímenes de odio es necesario comprender primero la violencia por prejuicio y su dimensión colectiva.
Explicó que cuando una persona es agredida por su orientación sexual, identidad o expresión de género, la violencia no termina necesariamente en la víctima directa. También puede transmitir un mensaje hacia otras personas de la comunidad.

“El mensaje viaja: llega a nuestras casas, llega a nuestras escuelas, llega a nuestros trabajos, llega a nuestras relaciones y a nuestros espacios públicos, y nos dice con fuerza: ‘esto también te puede pasar a ti’”.

Desde esa perspectiva, señaló que algunas agresiones alcanzan niveles extremos de crueldad porque el cuerpo de la víctima es utilizado simbólicamente para castigar aquello que desafía lo considerado socialmente aceptable.
También cuestionó lo que puede ocurrir posteriormente durante las investigaciones, cuando el posible componente de prejuicio queda invisibilizado mediante explicaciones como “crimen pasional”, problemas de pareja o celos.
El resultado, sostuvo, es que una violencia con una dimensión social puede terminar convertida burocráticamente en un problema privado.

Una estructura social que administra el miedo

Otro de los planteamientos centrales de la ponencia fue que la violencia por prejuicio no comienza cuando aparece un cadáver.
Puede comenzar mucho antes: con un chiste, un insulto, la expulsión del hogar, el acoso escolar, la discriminación laboral, una amenaza o las distintas formas mediante las cuales una persona recibe el mensaje de que está ocupando un espacio que supuestamente no le corresponde.
Méndez Díaz lo ejemplificó con preguntas que muchas personas LGBT+ pueden hacerse antes de expresar públicamente quiénes son o manifestar afecto:
“¿Aquí puedo tomarle la mano?”, “¿aquí puedo besarle?”, “¿aquí puedo vestirme así?”, “¿aquí puedo decir quién soy?” o “¿aquí me siento seguro?”.
Cuando esas preguntas forman parte de la vida cotidiana, señaló, ya no se trata solamente de episodios aislados de discriminación.
Se trata, en sus palabras, de “una estructura social que administra el miedo”.

Asistentes a la 5ta. Cumbre Nacional Baja California durante la jornada realizada en Ensenada. Foto: Radio Arco Iris TJ / José Juan López.

¿Libertad o solamente permiso para marchar?

La exposición también puso bajo cuestionamiento la creciente visibilidad institucional de la diversidad sexual cuando esta no está acompañada de cambios sustantivos.

Méndez Díaz habló de la multiplicación de marchas, banderas, fotografías, instituciones que adoptan los colores del arcoíris durante junio y figuras políticas que buscan aparecer públicamente junto a las comunidades LGBT+.Y formuló una pregunta:

“¿Tenemos más libertad o simplemente tenemos más espacios autorizados para ejercerla?”

Alex Alí Méndez Díaz.

“No queremos una diversidad decorativa”, sostuvo al cuestionar que las instituciones puedan exhibir símbolos de inclusión mientras resultan incapaces de responder adecuadamente frente a los asesinatos y otras violencias.

La libertad, planteó, no puede reducirse a permitir que las comunidades ocupen una avenida durante algunas horas el día de una marcha y esperar silencio durante el resto del año.

Una mirada crítica hacia el propio movimiento

La ponencia no concentró sus cuestionamientos únicamente en el Estado, las instituciones o los partidos políticos.

Méndez Díaz llamó también a revisar las contradicciones dentro de los propios movimientos LGBT+: los protagonismos, las disputas por representación, las candidaturas, los recursos y los intentos de cooptación partidista.

Defendió el derecho de las personas LGBT+ a participar políticamente, pero planteó la necesidad de construir movimientos capaces de conservar su autonomía frente al poder.

“Nuestra agenda no puede cambiar dependiendo de quién gobierna, nuestros derechos no pueden depender de quién nos ofrece una candidatura y nuestra indignación no puede tener una afiliación partidista”.

Alex Alí Méndez Díaz.

Su señalamiento fue claro: denunciar una injusticia cuando proviene de un adversario político y guardar silencio cuando la comete alguien cercano termina desplazando la defensa de una causa hacia la defensa de intereses.
También advirtió sobre otra dinámica: la provocación permanente.
Responder a cada provocación, argumentó, puede provocar que sean otras personas quienes terminen administrando la agenda del movimiento, obligándolo a reaccionar constantemente en lugar de dedicar tiempo y recursos a construir estrategias de transformación.

De la indignación a la estrategia

Frente a ello, Méndez Díaz propuso “pasar de la indignación a la estrategia”.

Eso implica también modificar la manera de evaluar los resultados.

Una marcha, sostuvo, no debería considerarse exitosa únicamente porque reunió a muchas personas; un litigio no necesariamente lo es sólo porque consiguió una sentencia favorable, y una reforma tampoco puede medirse exclusivamente porque apareció publicada en un periódico oficial.

La pregunta fundamental debería ser otra:

“¿Qué cambió en la vida de las personas después de este litigio, de esta marcha o de esta reforma?”

Mención: Alex Alí Méndez Díaz.

El planteamiento resulta especialmente pertinente dentro de una Cumbre concebida precisamente para construir una agenda común y trasladar propuestas y exigencias colectivas hacia espacios de incidencia. Entre sus temas prioritarios se encuentran los derechos humanos, la salud, las violencias, los crímenes de odio, la participación política, el acceso a la justicia, las políticas públicas, la igualdad y la no discriminación.

El privilegio revolucionario de envejecer

Hacia el final de su intervención, Méndez Díaz llevó esa evaluación hacia una medida mucho más elemental: la posibilidad de vivir.

Habló del derecho a caminar por las calles, amar, besar, vestir libremente, modificar el nombre y la identidad de género, formar familias, protestar, ocupar cargos públicos, marchar, incomodar, bailar y celebrar.

Y agregó algo más:

“Pero también queremos envejecer: tener el privilegio revolucionario de envejecer”.

Alex Alí Méndez Díaz.

Quizá, planteó, esa debería ser una de las principales medidas para determinar el éxito de la lucha por los derechos: no solamente cuántas leyes fueron reformadas o cuánta visibilidad se consiguió, sino cuántas personas pudieron vivir.

Su conclusión condensó el sentido de la ponencia:

“No queremos homenajes después de que nos maten, no queremos discursos ni justicia únicamente después de que nos maten: queremos que no nos maten”.

Alex Alí Méndez Díaz

Y mientras eso no ocurra, concluyó, la lucha deberá seguir incomodando, cuestionando, exigiendo y haciendo ruido.

La ponencia “Homicidios por Prejuicio” formó parte de las actividades de la 5ta. Cumbre Nacional Baja California, desarrollada bajo el eje “Nuestras realidades importan: agenda común con incidencia nacional”. El encuentro contempló actividades en Tijuana, Ensenada y Mexicali y buscó convertir las experiencias, necesidades y propuestas de las comunidades LGBT+ en una agenda de incidencia.

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